Escuchas una alerta de emergencia. El cuerpo se tensa y buscas información. Alguien a tu lado parece tranquilo y te preguntas: «¿Por qué a mí me afecta tanto?».
El miedo es una respuesta de protección ante lo que percibes como una amenaza. Gracias a esa capacidad de sentir miedo enciendes la alerta de estar listo para actuar. Instintivamente valoramos el riesgo cotejando también lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Aunque cada reacción merece atención y no debe ser comparada con la de los demás, la observación del entorno es un indicador personal para validar la percepción del momento.
Distingue lo que ocurre de lo que anticipas
El miedo suele asociarse con una amenaza que percibes como inmediata y la ansiedad se asocia con un peligro posible o incierto. Ésta distinción es valiosa para la autorregulación. Ver entrar agua en casa exige protegerte. Pensar días antes de una tormenta en todo lo que podría pasar se parece más a la anticipación. Ambas experiencias pueden mezclarse pero no son lo mismo. La anticipación demanda una reflexión de tu parte.
Si hay peligro inmediato o una orden de evacuación, sigue las indicaciones oficiales. Deja la reflexión para cuando estés a salvo.