Novedades

¿Puede el Mundial 2026 ser sostenible? Los retos ambientales que FIFA dice estar enfrentando

El torneo más grande de la historia también será una prueba ambiental: más sedes, más viajes, más consumo… y una estrategia oficial que promete reducir impactos y dejar legado.
sábado, 13 de junio 2026


El Mundial de Fútbol 2026 será el más grande organizado hasta ahora. Tendrá 48 selecciones, 104 partidos y 16 ciudades anfitrionas repartidas entre Canadá, México y Estados Unidos. Ese crecimiento nos obliga a cuestionarnos cómo se organiza un evento de esta escala con el mínimo impacto al ambiente.

La FIFA sabe que enfrenta un problema logístico y de percepción. Su documento oficial promete promover la protección ambiental, respetar los derechos humanos y dejar un saldo positivo en las comunidades. Los documentos oficiales siempre suenan bien en papel. El reto está en la ejecución.

El costo logístico de mover a millones

El transporte será el mayor reto ambiental. A diferencia de los torneos pasados concentrados en una región pequeña, esta edición ocurre en tres naciones enormes. Eso significa miles de vuelos, traslados terrestres y un movimiento constante de equipos, fanáticos y suministros. La organización promete implementar transporte bajo en emisiones de carbono y coordinar operaciones más limpias con las ciudades sede. Falta ver cómo lo logran en países donde el automóvil particular domina la infraestructura.

Infraestructura y operaciones de alto consumo

Un estadio funcionando a máxima capacidad consume altos volumenes de energía y agua. Requiere además un manejo gigantesco de seguridad, alimentos y mercancía. La estrategia oficial plantea trabajar con proveedores y sedes para mitigar el golpe ecológico. Eso debería ser el requisito mínimo indispensable para operar, no un extra.

Residuos y el problema de los eventos masivos

Un torneo mundial genera montañas de basura desechable. Vasos, botellas, empaques y señalización temporal inundan las calles. La FIFA menciona la gestión de residuos y la economía circular en su plan. Reciclar ayuda, pero evitar la fabricación de esa basura desde el diseño del evento es la única solución real. Las decisiones sobre compras y materiales permitidos en los estadios determinarán si se cumple este objetivo.

Plantar árboles para compensar las emisiones de carbono

La FIFA anunció una alianza con la Arbor Day Foundation para plantar árboles en las 16 ciudades sede. El plan incluye sembrar un millón de árboles mediante proyectos forestales y sumar 12,000 a los parques y calles urbanas. Hasta la fecha reportan más de 250,000 árboles plantados. Mejorar la cubierta vegetal urbana siempre reduce el calor y mejora el aire local. Pero sembrar árboles no borra automáticamente las emisiones de los vuelos y la construcción. Funciona como una compensación, no como una reducción directa del daño.

La promesa climática y la realidad operativa

La organización afirma estar alineada con los marcos climáticos de Naciones Unidas. Aspiran a reducir sus emisiones a la mitad para 2030 y llegar a cero emisiones netas para 2040. Las matemáticas de un Mundial expandido juegan en contra de esa promesa. Las campañas de marketing ecológico no limpian el aire.

Para saber si este torneo logra ser sostenible, necesitaremos auditar datos concretos al terminar. Emisiones calculadas, uso comprobable de transporte público, eficiencia de la red eléctrica, conservación de agua y transparencia en los reportes financieros. La sostenibilidad se demuestra con resultados finales.

El legado real

El Mundial 2026 nos da la excusa perfecta para exigir discusiones serias sobre movilidad urbana, justicia ambiental y responsabilidad. Debemos presionar a las ciudades, a los organizadores y a los propios fanáticos para que celebren sin arrasar con los recursos locales. Un torneo verdaderamente exitoso respeta a la comunidad que lo recibe y deja el lugar mejor de como lo encontró.